Un día de Los Inocentes muy especial: ¡Marcos ya está aquí!

lunes, 29 de septiembre de 2014

Frío, hacía frío. El mes de diciembre estaba a punto de llegar a  su fin, y con él, el dos mil trece. Sin duda, un año muy especial y esperado, mi año, nuestro año.

La noche del veintisiete al veintiocho se presumía movidita. Hacía días que no le notaba con tanta intensidad, sin embargo, mientras dormía comenzó a moverse. Tenía los sentimientos a flor de piel. Miedo, alegría, nerviosismo y dolor, poco a poco mucho dolor. 

Desperté a Samuel, era la hora, mi niño quería llegar puntual a su cita y se encontraba impaciente. Ese mismo día salía de cuentas. Mientras él avisaba a la matrona, yo decidí tomar una ducha, relajarme, tener mi último momento a solas antes de encontrarme con él, con mi bebé.

Había hecho miles de veces aquel recorrido hasta el hospital, pero nunca me había parecido tan largo. El dolor se intensificaba, me mareaba, estaba siendo duro. Durante nueve meses había soñado con ese momento, me había imaginado como quería que fuese, pero nada tenía que ver con lo que estaba ocurriendo.

Fui valiente, muy valiente. Saqué fuerza de flaqueza para no derrumbarme, para no sucumbir a aquel extraño malestar. Dilaté muy rápido para ser primeriza, sabía que el momento estaba a punto de llegar.

Mi matrona me controlaba, y pronto se dio cuenta de que el bebé estaba alto, además el cordón umbilical rodeaba su cuello. Lo último que queríamos era que sufriera. Mi corazón latían al mismo tiempo que el de mi marido. Estábamos juntos en esto y nada podría salir mal.

Finalmente, decidieron hacerme cesárea. Sólo tenía ganas de verle, de abrazarle, de besarle, de presentarme como su mamá y me daba igual la manera. Tenía que ser fuerte una vez más. Miré al cielo pidiendo a mi ángel que no me dejase, que me acompañase en esa fría sala donde me encontraba rodeada de médicos.

Samuel me besó. Todo sadría bien. Su cara era distinta, estaba preocupado por nosotros. Sin embargo, y tras unos minutos de operación una voz, a lo lejos, decía ¡Ya está aquí! ¡Marcos ha nacido!
Yo me encontraba exhausta, mareada, sedada, pero sin duda, muy feliz.

Me sentía plena, completa. Lo había conseguido, lo habíamos conseguido. Un médico se acercó para presentarnos. ¡Qué momento! Mis lágrimas cansadas caían por mis mejillas mientras mi pequeño me miraba buscando sustento. Era increíble.

Cuando salimos mi madre y Samuel nos esperaban angustiados. ¡Todo había salido bien!

Nos miramos y lloramos juntos. Sentí un escalofrío perfecto. Un amor tan puro y fuerte que me desbordaba.
Llamamos a toda la familia y ¡Nadie se lo creía y pensaban que era una inocentada!

Sin embargo, jamás olvidaremos ese diferente 28 de diciembre, el día en que nos convertimos en papás, en padres de aquel precioso niño.

Podemos pasarnos las horas mirándole y nos parece tan nuestro, tan bonito, tan tierno. El milagro de la vida, aquel que hace que los malos momentos sean menos dolorosos, que cada mañana brille el sol en mi alma, porque él, mi dulce Marcos, me regala su sonrisa.


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Quiero dar las gracias a Eva y Samuel, por darme el honor de contar su parto y sobre todo de compartir conmigo su felicidad. ¡Enhorabuena familia!

3 comentarios:

  1. El nacimiento de un bebe siempre es precioso ya sea parto o cesárea.
    Mi niño también nació con vuelta de cordón , gracias que la matrona actuo rápidas porque el tio salio justo cuando corto el cordón y sin empujar , salio de. golpe hasta la matrona dijo huy!!!!. Muchas felicidades a Eva y a Samuel por ese bebe y como no a mi Peke Ñaja por contar los partos tan bonitos

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  2. Q bonito y q bien q todo saga perfecto enhorabuena a esos pasas un beso muy grande Felicidades y a ti tambien por contarnos esos parartos tan bonitos besos

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  3. Mi niña!!! Q bonito y con q sentimiento...
    Mil gracias a ti x preocuparte x nosotros desde q te enteraste, y sigues haciéndolo.
    Con nuestros bebes ha nacido tb una buena amistad 😊
    Besossssssssssss 😘😘😘

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