Vlogs y Youtubers, una nueva forma de vida

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Hace unos meses que me aficioné, o más bien me aficionaron, a seguir vlogs de Youtubers. Sinceramente, nunca me habían llamado la atención. Sigo algún que otro blog de moda y maternidad (no muchos, pero si buenos) y cuando tengo un ratito les echo una ojeada para ponerme al día, y ¿Por  qué no? Evadirme.

Pero nunca había caído en las redes de los video blogs. El caso es que varias compañeras de la oficina me pusieron al día y me invitaron a adentrarme en un mundo extraño. Digo extraño porque sin apenas darte cuenta te ves dentro de la vida diaria de desconocidos, y eso, es raro.

Reconozco que al principio me enganchó. Un mundo nuevo, ver familias, madres Youtubers que compaginan la crianza de una familia numerosa con edición de vídeos. Era entretenido.

Una de mis compañeras me decía, ¿Por qué no creas el canal Llámamemamá? Confieso que la propuesta fue tentadora, pero cuando eres mamá trabajadora fuera y dentro de casa, la cosa se complica, y mucho. 

Pero sobre todo me dio por pensar. Ellas veían los vídeos entusiasmadas y en el fondo recelosas de esas vidas publicadas. Yo solía decirles,  'la realidad es otra'.

Maridos perfectos, mujeres y mamás felices y radiantes, obviamente es la cara A de la vida. 

A veces, la mente nos juega malas pasadas y lo cierto es que lo que necesitamos es positividad, buen humor, nuevos proyectos, motivación, y los blogs lo dan. Pero debemos tener cuidado, porque mientras vemos los vídeos nos sentimos reconfortadas, pero cuando acaban y volvemos al sofá de casa, podemos sentirnos frustradas por que nuestra vida no tiene que ver con la de las Youtubers.

Ellas también tienen sus días malos, sus discusiones maritales, seguro su desesperacion con los peques y sus agobios. Imagino que se levantaran desmaquilladas, con los pelos revueltos y tendrán todas y cada una de las manías que las mujeres de a pie tenemos.

Además, mientras los veía, pensaba en si me gustaría mostrar de una manera tan extraña e intima mi vida. No es que no quiera presentarme a vosotros, ni contaros cosas que me pasen por mi mente o en mi día a día, si no ir más allá.

Grabar mi casa, mis momentos, mi hijo, mi marido, TODO. Se que eso puede traerme muchos seguidores, que no necesito ganarlos así, pero también creo que muchos problemas.

¿Es bueno para los pequeños? Quienes seguís este tipo de blogs seguro conocéis los nombres e incluso las caras de los pequeños. ¿Estoy preparada? NO.

Sabéis que soy periodista, y os aseguro que las cámaras no me incomodan, pero creo que existe, al menos en mi vida, una línea que considero no debería nunca traspasar.

Al principio confieso que no puse ninguna foto de mi peque en redes sociales, y de hecho, ahora publico alguna muy de vez en cuando, porque lo cierto es que hay momentos que me apetece mostrar, pero pocas y controladas.
Respeto a quienes publican constantemente imágenes de sus hijos porque sinceramente cada uno hace lo que le da la gana y es responsable de sus actos, pero creo firmemente en mantener esa privacidad.

También considero que dicha privacidad da un punto de realismo. Todos tenemos nuestros días desastrosos en los que no sales bien en las fotos porque tu alma esta cansada, o enfadada o triste, y no siempre estamos felices. Tened claro que no hay que demostrar nada a nadie, porque sin duda, todos somos humanos.

 Y vosotros, ¿Seríais capaces de dar a conocer vuestro mundo a miles de seguidores?


Los terribles dos

jueves, 10 de diciembre de 2015

A más de uno y de una estoy segura de que el título de este post no le resulta desconocido.
Cuando empecé a leer blogs y artículos sobre la maternidad siempre aparecía por algún lado esta etapa.

¿Os dais cuenta de que ser padres se traduce en superar fases constantemente? 

El caso es que después de los capítulos de no dormir, de lactancia, de pañales, de cólicos, aparecía uno al cual creo que personalmente estoy llegando: Los terribles dos.

Mi hijo es bueno, si, tiene mucho carácter, también. Se me olvidó comentaros que una de las etapas que más me preocupaba la hemos pasado y sin darnos apenas cuenta. Un buen día decidió no volver a mencionar el chupete y ya está. Nunca mais. Pasó a mejor vida de la noche a la mañana, así que este cambio no ha sido para nada traumático. Yo no tenía en mente quitárselo todavía, pero ya rondaba más de una idea para alejarlo de nuestra vida :)

Pero cómo iba diciendo, hace un mes entramos en esa edad 'terrorifica'. No sé si se han alineado los planetas, pero la estamos viviendo de manera intensa.
A veces pienso que hay varios factores que probablemente estén influyendo.

Por un lado, hace casi un mes que paso las tardes con él, dedicándoselas al 100% y disfrutando de su compañía. Por otro, ha estado una semana sin ir a la guardería por bronquiolitis, así que imaginaros la cantidad de ñoñería acumulada que tiene.

¿Y qué son exactamente esos terribles dos? Pues muy sencillo. Es la edad en la que empiezan a querer llamar tu atención de manera, a veces, estresante porque ya saben expresarse.
'Mamá, moto' 'mamá gusanitos' 'mamá parque' - mamá, mamá, mamá...

Y obviamente, cuando no consigue lo que quiere pataleta y al suelo a llorar. 
¿Quién no ha vivido una escena, de esas melodramáticas, en las que en medio de cualquier lugar público, vuestro hijo ha decidido haceros el centro de atención?

El otro día, estábamos inmersos en una de esas rabietas inesperadas, y una pobre señora mayor se acercó: 'Bonito, pórtate bien con mamá, no llores' - Yo sé lo agradecí, pero cuando me quise dar cuenta mi hijo estaba repartiendo galletas a diestro y siniestro por lo que por poco la mujer casi nota de cerca uno de esos revés de mi buen hijo.

Mi marido dice que paciencia. Mi madre que ánimo, hay que pasarlo. Y a mi, a veces, me dan ganas de llorar cuando se pone así, porque siento que físicamente no puedo con él. Cierto es, que luego es buen niño, y dulce, pero las dichosas rabietas me estresan.

El sábado pasado asistimos a Juvenalia. Para quienes no lo conozcáis, todos los años en el IFEMA se celebra esta feria dedicada a los más peques y no tan peques.

    Foto: Llámamemamá

Talleres de danza, psicomotricidad, arte, diversión, todo concentrado en dos amplios pabellones. Allí tuve el placer de asistir a una charla personalizada de la mano de Laura y Alicia, psicopedagogas de APRENDERT. La ponencia iba sobre la gestión del control de los padres sobre los hijos, a lo que deribó en las famosas rabietas.
La verdad es que como sabéis, la teoría es muy bonita y parece sencilla, pero la práctica es más complicado. Muchos son los factores que condicionan nuestras reacciones.

Nuestro humor no es igual cuando estamos de vacaciones que cuando llevamos el día trabajando y llegamos agotados a casa. Por lo cual, nuestra paciencia también disminuye considerablemente.

Ellas me explicaban que no es necesario repetir las cosas veinte veces porque de sobra nos han oído, pero ¿A qué es irremediable? Yo creo que está muy bien asistir a clases, charlas, leer libros, pero la realidad es otra.
¿Os acordáis que os comentaba que me estaba leyendo el libro  'Aprender a educar'?
Pues ahí lo tengo, en la estantería, cogiendo polvo. Creo que no lo voy a intentar más. Voy a ser franca, me aburre muchísimo. Cuenta pequeñas historias, reacciones de padres y aconseja cómo mejorar nuestra gestión de un conflicto, pero me aburre. Es siempre lo mismo. Hablar calmado, no repetirse, razonar, cosas muy bonitas pero que de verdad creo que nadie lleva a cabo porque repito, es sencilla la teoría pero la práctica se aleja mucho de lo que cuenta. Es más, estoy completamente segura de que la propia escritora en más de una ocasión habrá perdido los nervios cual madre humana.

Y vosotros, ¿Habéis sufrido ya las terribles rabietas?¿Cómo las gestionáis?

Deberes para todos

jueves, 3 de diciembre de 2015

Hace unas semanas una fiel lectora de Llámamemamá escribió para poner encima de la mesa un asunto que se está convirtiendo en preocupante.

Quizá es algo que aún algunos  podemos ver cómo lejano, pero creo que todo lo que podamos avanzar ahora será bueno para el futuro de nuestros hijos.

El caso es que el tema me llamó mucho, muchísimo la atención, y no es otro que los famosos DEBERES.

La verdad es que la polémica está servida. Deberes si, deberes no... Tienen qué llevarse tanto trabajo a casa?

Yo quiero dar mi humilde opinión, lo que no quiere decir que no esté de acuerdo con otros puntos de vista. 

Partimos de la base de que el sistema educativo español me parece uno de los más mediocres de Europa ( y no sólo lo digo yo sino que lo avalan numerosos estudios).

Que debemos actualizarnos es una realidad. Es ilógico que niños que entran en Infantil, que apenas levantan un palmo del suelo vayan cada día cual burro de carga, mochila en espalda con infinidad de libros. Por no hablar de los precios desorbitados que invitan a hacer malabares a los desesperados padres.

Que si cuadernos, libros de lecturas, libro de actividades... Es necesario todo este material para niños de tres años? Sinceramente, me resulta excesivo.

Si intentamos alguna vez mirarnos en el espejo de nuestros vecinos nórdicos comprobaremos que la capacidad cognitiva, creativa y el grado de madurez se alcanza precisamente con las actividades prácticas. Aquellas en las que el niño es partícipe del aprendizaje, se integra y se siente válido y útil.

Lo deberes no sólo resultan aburridos y desmotivantes sino que de alguna manera condicionan el poco tiempo que los padres tienen para estar con sus hijos.
No digo que deban suprimirlos, si no que deberían reducirlos.

Otro de los problemas que yo percibo y que aunque ahora ha disminuido sigue estando presente, es el obstáculo que para muchos padres suponen los deberes. Cada persona tiene un nivel  de estudios que puede ser un handicap a la hora de ayudar en las tareas del cole.

Recuerdo mi época de estudiante y el dineral que mis padres gastaron en academias que me ayudasen a mejorar. Pienso que si ese tiempo se emplease en clase y los propios profesores motivasen y enseñasen de una manera más divertida e interactiva a los pequeños, no serían necesarios los deberes.

El tiempo debemos emplearlo en disfrutar en familia, en leer cuentos, dar paseos... En definitiva en compartir padres e hijos.

Y vosotros, estáis de acuerdo en que los deberes deberían pasar a un segundo plano y aprender jugando?

Commons Attribution 4.0 International license.

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