El viajar es un placer...

miércoles, 20 de abril de 2016

Ya sabéis que la semana pasada no hubo post como cada jueves y el motivo no fue otro que encontrarme 'out of home' o lo que es lo mismo, fuera de casa.

Lo cierto es que preferí esperar a la vuelta para poder contaros todo con más detalle. 

Siempre he pensado que los viajes en pareja son súper recomendables. Creo que de vez en cuando poder compartir momentos a solas hace reavivar la llama que por el día a día y la rutina, los hijos y demás problemas cotidianos puede resentirse.
Es como una segunda luna de miel.

También debemos tener en cuenta que pasar veinticuatro horas sin separarse de tu marido o de tu mujer no siempre es la mejor terapia, ya que obviamente habrá momentos de discusión, pero también sin duda, muchos momentos de experimentación y de sentirte de nuevo una pareja, y no sólo simples padres.

No es necesario hacer un viaje largo ni muchos días, incluso con un fin de semana de vez en cuando puede ser una muy buena terapia matrimonial.

El caso es que hace unos meses, nos tiramos a la piscina y previa aprobación de los abuelos, que serían quienes cuidarían durante esos días de nuestro Petit, decidimos embarcarnos rumbo a tierras americanas.

Era un viaje que teníamos pendiente y que nos ilusionaba bastante. Después de visitar Australia el año pasado, teníamos la espina de la Costa Oeste.

En un primer momento nos planteamos la idea de llevarnos al pequeño. Pero eran nueve horas de diferencia horaria, catorce horas y media de vuelos, varios aviones y apenas iba a recordar absolutamente nada de aquello. Así que bueno, decidimos que sería un viaje de dos.

SKYPE se ha convertido en compañía indispensable de nuestras aventuras. Así que nos las ingeniamos coordinando horarios para poder verle. A veces nos saludaba y se iba enseguida, pero a nosotros nos alegraba el día sin duda.

Aún no lo he dicho, pero nuestro viaje comenzó en San Francisco. Tenía unas ganas tremendas de conocer la ciudad y aunque el viaje se hizo pesado pudimos aprovechar el día de llegada. El puente Bay, Pier 39, las increíbles cuestas que predominan calle si y calle también, el Golden Gate por supuesto, el barrio chino, little Italy, la imponente cárcel de Alcatraz, y un lugar que me encantó fue el Golden Gate Park. La gente patinaba libremente, charlaban entre ellos y disfrutaban de un domingo cualquiera.
Sin embargo, he de confesar que la ciudad me decepcionó un poco. Demasiada mendicidad y barrios complicados, que pese a que no te molestaban, daba una imagen un tanto rara. Las calles principales olían bastante mal y a mi parecer, estaban muy sucias.
Pero con todo y con eso, la gente siempre nos ha acogido a las mil maravillas y eso se agradece cuando estás a ocho mil kilómetros de casa.





Después nos alquilamos un coche y comenzamos nuestra verdadera aventura  por la costa. Recorriendo playas tan increíbles y perfectas como las de Él Carmel, donde la arena blanca cegaba mis ojos y donde podías sentirte libre mirando el inmenso océano.


Casi habíamos terminado el día y llegábamos a Los Ángeles. De pequeña, yo que era muy peliculera soñaba con pisar el paseo de la fama y recorrer Beverly Hills como una estrella de Hollywood. Y lo hice. Bueno, más o menos. Paseé pero pude notar lo descuidado que estaba todo, sólo las estrellas estaban limpias y relucientes al llegar al teatro Dolby.



Después de unos días viviendo en la Meca del cine, nos dirigimos hacia la ciudad que nunca duerme. El lugar donde se respira vicio, fiesta y juego. Las luces y los espectáculos invadían mi mente y por momentos me sobrepasaban. Era como si mis ojos no dieran más de sí y mi cerebro necesitase un minuto de relax, pero alucinamos. Al menos hay que ir una vez en la vida y poder decir eso de 'lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas'


Y poco a poco nuestro viaje iba llegando a su fin. Aunque echábamos mucho de menos a nuestro pequeño, aprovechamos al máximo cada segundo, cada momento y cada experiencia. A nuestro regreso nos encontramos el mejor regalo del mundo, su sonrisa, sus besos, sus abrazos nos demostraban lo mucho que nos quería y que nos había extrañado.

El día de mañana espero que mi hijo aprecie la importancia de conocer otras culturas, de vivir este tipo de experiencias que sin duda enriquecen, que valore los idiomas como instrumento que le abra la puerta a otros países.
Viajar siempre es sano y hacerlo en pareja o en familia es sin duda una genial aventura.

Y a vosotros, os gusta viajar?







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Commons Attribution 4.0 International license.

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