Cómo seguir dando pecho sin morir en el intento (Parte I)

jueves, 15 de febrero de 2018

Este post habrá a quien le haga gracia, le guste o no, pero es la pura realidad. 

Se que la lactancia para muchos es ese estado idílico donde se crea un vínculo muy especial entre madre e hijo. Ejem, ejem.

No digo que no sea un buen momento, pero jolines, me gustaría ser realista. Contar lo que nadie cuenta, que se sepa de una vez por todas que la lactancia es perfecta siempre y cuando tengas tiempo y paciencia, paciencia y tiempo. En fin.


Ya os conté que los comienzos fueron duros, pero por fin conseguí establecerla definitivamente. El caso es que cuando ya teníamos el ritmo cogido, tuve que reincorporarme al trabajo. Y, ¿Ahora qué? 


Todo el mundo me preguntaba si pensaba dar lactancia mixta, si iba a dejar el pecho... Vaya por delante que yo soy de las que piensa que la lactancia tiene su tiempo. Respeto todas las opciones pero quizá yo no aguantaría más allá del año.


Total que yo me reincorporé la semana pasada. Desde enero comencé a sacarme leche y a llenar el congelador de bolsitas para mi pequeña. Empecé a echar cuentas y necesitaba tres bibes al día. Aunque no lo creáis es mucho. Reconozco que me agobié, pero quería intentar llegar mínimo hasta los seis meses (lo que la dichosa OMS recomienda).


El caso es que la idea era sacarme leche en el trabajo. Pues allí me planté, con mi sacaleches, mi bolsa isotérmica y mis pocas ganas de ir al baño a ‘ordeñarme’ cada tres horas.


De repente, me vi metida en uno de los servicios, con todos mis bártulos a cuestas, sacándome toda la leche posible. Os aseguro que la situación es cómica cuando alguien entra  en el baño contiguo y solo se oye: güi güi güi güi... Imagino que se preguntarán qué es lo que hago. También es cierto que más de una me mira con lástima mientras lavo todos los cachivaches. No me extraña, esto es un no parar.


Pero hoy, hoy ha sido el gran día, aquel en el que pensé que se me había olvidado en casa una parte del sacaleches y he tenido que usar el método más ancestral: Las manos. Si, tal cual. No os podéis imaginar qué situación, cual vaquita desesperada, sentada en el inodoro y deseando que mi pequeña comience a probar otros alimentos ¡Por Dios! Por que si, en ese momento lo deseaba.


Ahora entiendo perfectamente a todas aquellas mamás que deciden dejar el pecho cuando se reincorporan al mundo laboral. Dar de mamar es bonito, pero con calma, sin estrés, no dentro de un servicio público.


Intentaré llegar a los seis meses pero no puedo mentir, dar de mamar así no mola. Mola llegar a casa y cogerle y darle tu misma de comer, eso sí que es genial. Aunque he aprendido a dar el pecho mientras con una mano juego al Monopoly con mi hijo mayor y con la otra repaso el email. Cosas de la bimaternidad.

Aprovechad las que tengáis la inmensa suerte de disfrutar de esas dos preciadas cosas de la vida, paciencia y tiempo. Yo paciencia intento tener pero el tiempo me puede. Ojalá los días tuviesen diez horas más, ¿Verdad? Ya os contaré cuando comencemos con el destete (visto así, ahora me da pena) jeje.


¡Feliz jueves llamamemamistas!





EL ULTIMO DIA

jueves, 8 de febrero de 2018

Cierto es que no pensaba retomar el blog hasta no volver a mi rutina, al trabajo, pero me he puesto sentimental y he dicho, ¿Por qué no? Además, estoy segura de que hay muchísimas mamás y también papás que están pasando por lo mismo que yo, y hablarlo, ayuda.

Pues si, hoy, después de una noche de gastroenteritis múltiples en mi hogar, ha sido el último día de mi baja maternal. 

Se acerca una realidad que lejos de asustarme, me inquieta. Me da una pena terrible cerrar esta etapa de mi vida. Petite Adriana ha crecido, pero no lo suficiente como sentirme aliviada, sigue siendo mi bebé.

He tenido la inmensa suerte de disfrutarle al máximo. Adriana me ha dado más en cinco meses que muchas personas en años. Me ha enseñado que cuando eres bimadre, el amor hacia los hijos no se divide, se multiplica, e incluso se eleva al cuadrado.

Adriana me ha hecho conocer gente que jamás hubiese pensado. Gente que de verdad importa, de esas personas que suman y que aportan muchísimas cosas buenas a tu vida. 

Adriana me ha enseñado a relativizar, a priorizar y a sentirme aun mas orgullosa de mi familia.

Adriana me ha abierto los ojos, me ha dado en parte, esa bofetada que necesitaba para decir, YO PUEDO.

Adriana me ha regalado largos paseos, cafés provechosos, de esos en los que crees arreglar el mundo y que sientan tan bien. Conversaciones diferentes y enriquecedoras.

Adriana me ha mostrado la maternidad desde otro punto de vista, quizá desde el lado femenino, dulce, tierno, bondadoso.

Puedo decir que he aprovechado cada milésima de segundo de su compañía, de sus sonrisas, de su piel, de su respiración.

Es posible que sólo aquellos que seáis madres o padres me entendáis, pero una tristeza inmensa hoy recorre mi cuerpo, quizá el estar pachucha es sólo una señal de lo que siento.

Por que no es suficiente. No es suficiente una baja maternal de dieciséis semanas, ni quince días de lactancia, ni cinco semanas para el padre. Las cuentas no me salen.

La OMS recomienda seis meses de lactancia materna exclusiva. Yo tengo la inmensa suerte de poder dar LME, sin embargo llevo meses congelando bolsitas para que mi hija pueda, al menos llegar al sexto mes.

Petite Adriana se ha adaptado perfectamente a la guarde y le quieren y le miman, pero aun le veo tan pequeñita, tan indefensa, aunque se que ella es fuerte y buena y eso me hace irme trabajar un poquito mas tranquila.


En fin, que no quería liarme demasiado que me quedan las últimas horas de libertad y por supuesto pienso pasarlas como hasta ahora, en familia. Pero no podía dejar de mandar todos mis ánimos y solidaridad a esas mamás y papás que se reincorporan y que comparten este sentimiento de tristeza conmigo.

Foto: llamamemama 






¡ADIOS 2017/BIENVENIDO 2018!

sábado, 30 de diciembre de 2017

                       


Despido este año que tantas cosas buenas y preciosas me ha traído y doy la bienvenida a un 2018 lleno, estoy segura, de momentos inolvidables. ¡Feliz año llamamemamistas!


CELOS ENTRE HERMANOS

jueves, 14 de diciembre de 2017

                       

Hace tres meses que llegó Petite Adriana a nuestras vidas y con ella también cambió la vida de Petit Manuel. Los celos tenían que aparecer de algún modo, ¿Cómo se lo habrá tomado? No os perdáis el Vlog de hoy. ¡Feliz jueves llamamemamistas!




La magia de la Navidad

jueves, 30 de noviembre de 2017

Sé que sois muchos los que detestáis las fiestas navideñas. La Navidad no sólo son luces, polvorones, villancicos y sonrisas. La Navidad también nos hace recordar que existen sitios vacíos en muchas mesas y que no siempre es fácil dejar los malos momentos a un lado.

Pero cuando tienes niños alrededor, la cosa cambia. He de confesar que a mí me encantan estos días. Quizá es algo falso y preparado, pero ver a familias por la calle sonrientes, niños mirando embobados los muñecos de Navidad, olor a castañas, Papá Noel casi en cada esquina... Me encanta.

Pero algo que tanto Papá Manuel como yo queremos inculcar a Les Petites es que debemos acordarnos de las personas que por desgracia no recibirán regalos debajo del árbol, ni comerán en familia, ni cantaran villancicos típicos sentados al calor de la lumbre.

Hace unas semanas, recibíamos un whatsapp en el grupo del cole de Petit Manuel donde se pedía ropa para un niño de seis años cuya familia estaba pasando por una situación muy pero que muy delicada y eran conocidos de una mami de otra clase.

Esa noche yo no paré de darle vueltas a la cabeza. Qué duro tiene que ser verte en la necesidad de pedir algo tan básico como ropa para sobrevivir al duro frío invernal.

A la mañana siguiente, Papá Manuel, Les petits y yo fuimos a desayunar a una churrería muy conocida de Zamora. Comencé a contarle que nos habían pedido ropa, pero claro, de esas edades yo no tenía. Papá Manuel enseguida me dijo; Ay que ver, en realidad si cada familia pusiésemos una pequeña aportación, algo se podría hacer.
A mí se me iluminó la bombilla y pensé en proponérselo a la clase, sin compromiso, pero con poco que recaudásemos nos llegaba para una tarjeta regalo.

Al principio me dio apuro. No conocíamos a la familia y tampoco quería comprometer a nadie, porque hay personas cuya situación ahora mismo, tampoco es la mejor.

Poco a poco la gente se fue animando y sobre todo, colaborando cómo podían. Me quede alucinada de la gente buena que hay en el mundo, de la solidaridad, coordinación y desinterés que tuvieron.

Reunimos 180 euros que convertimos en tarjeta regalo de unos grandes almacenes para que pudiesen gastar en lo que necesitasen.
Nadie preguntó, nadie cuestionó. En dos días teníamos hecha la recaudación.

De verdad he de decir que me sentí increíblemente bien, y afortunada de tener a tanta gente buena a mí alrededor, porque a fin de cuentas todos podemos vernos, desgraciadamente en esa situación.

Este miércoles fuimos otra mamá y yo junto a la trabajadora social a entregarles a la familia esa tarjeta que tanta ilusión y esperanza recogía. Una familia joven, con dos niños que eran puro amor y con muchas ganas de salir adelante. Comenzaban a ver la luz en el oscuro túnel. La Navidad había llegado a sus vidas de manera anticipada. Por fin creían en la magia. Gracias a la movilización creada, ella había conseguido un trabajo que prometía ser el principio de algo bueno.

Nosotros quisimos explicarle a Petit Manuel la situación y todo lo que se había conseguido, pero también hacerle entender que trabajamos con esfuerzo para que ellos puedan tener ropa, comida, juguetes, pero que no todo el mundo tiene esa suerte.

Esta Navidad espero que sea más blanca y feliz para esa familia y espero realmente que lo sea para todo el mundo.
Gracias a las mamás geniales del cole que demostraron y que si alguien cae, ahí están para levantar, sin condición.




No Madres

jueves, 23 de noviembre de 2017

Entré en La Casa del Libro acompañada de una buena amiga y por supuesto, con Petite Adriana en el carro. 
- Por favor, ¿Quería saber si tendrían el libro de No Madres, de María Fernández-Miranda?

El dependiente, un joven muy atento, enseguida trajo a mis manos un ejemplar. Me miró, miró a Petite Adriana y muy sonriente me dijo un: ¡Qué lo disfrutes!

Estoy convencida de que en el fondo le extrañó que una mamá viniese a comprar el libro de No Madres, sin embargo yo no cabía en mi de emoción.

Por supuesto no voy a hacer spoiler del libro, porque quiero que lo leáis, pero sí que diré que lo recomiendo a madres y no madres de todos los tipos. A las madres protectoras, a las madres liberales, a las súper madres y a las que creen que no llegan a nada. A las mujeres que no han querido tener hijos y a las que por desgracia la naturaleza no les ha dado. 

Si todas leyésemos el libro entenderíamos la cantidad de elecciones/circunstancias que hay en la vida y estoy segura de que nos respetaríamos aún más. Al igual que estoy segura de que no haría falta escribir un libro sobre este tema. Y me incluyo. Porque, ¿Quién no ha hecho alguna vez la típica pregunta de, y tú para cuando? Desde que soy madre trato de ser muy prudente con este tema, porque considero que es algo tan personal que no tiene por qué interesar al resto del mundo.

Reconozco, que la primera parte del libro fue la que más me enganchó, donde María cuenta su historia de no maternidad en primera persona. Más adelante, mujeres famosas son entrevistadas para contar su experiencia.

Como os decía, no voy a hacer spoiler, pero sí que una de esas mujeres conocidas, habló sobre un tema que me resultó muy pero que muy interesante y que espero poder hablar algún día con mi hija. La congelación de óvulos.

Por suerte, la sociedad en la que vivimos reconoce a la mujer como independiente, libre, capaz de tomar decisiones por sí misma y con un nivel profesional cada vez más equiparable al hombre. En sueldos no, pero ese es otro tema.
El caso es que cada vez se retrasa más la maternidad. Vivimos de los veinte a los treinta inmersas en los estudios o la formación, en la búsqueda de empleo, en el progreso laboral, en la mejora salarial, y cada vez vemos más a largo plazo el hecho de ser madres. También existe cada vez más, la posibilidad de no querer tener hijos. De no sentirte atada a una persona. De no condicionarnos. Digamos que es una revolución femenina que está haciendo que por fin podamos ser quienes somos y no quienes querían que fuésemos.

En el cole siempre nos enseñan eso de que los seres humanos nacen, crecen, se reproducen y mueren. Aunque deberían enfatizar en que parece que sólo va dirigido a la mujer, ya que al hombre jamás se le cuestiona si quiere o no ampliar la especie.

Además, a todo eso le sumamos, que la independencia laboral y personal hace que nos volvamos más exigentes en la búsqueda de pareja estable, por lo que la maternidad bien se retrasa, bien no llega o bien optamos por formar una familia monoparental, ya que no dependemos de un hombre para procrear. De un hombre físico, se entiende.

Esta famosa entrevistada, congeló sus óvulos por qué nunca tuvo claro eso de ser madre. Prefirió esperar y no ponerse límites. A partir de los cuarenta, ya se sabe que dicen que el reloj biológico llega a su fin, que quedarse embarazada de manera natural se complica, en fin... Ella quiso vivir su vida y si llegaba el momento de decidir lo haría, sin presiones, ya que sus óvulos estaban a buen recaudo. El final...Dejo que lo leáis 😉.
Pero la importancia de congelar óvulos, no es sólo por el hecho de decidir en un momento dado si quieres tener o no hijos, va más allá.

Hace unos días, preguntaba a Papá Manuel por una amiga suya que con treinta y muy pocos años le diagnosticaron cáncer de pecho. Al ser muy joven, aún no se había planteado eso de la maternidad, pero ahora, me contaba que no querría dejar pasar la oportunidad de ser madre. Una opción es congelar los óvulos antes de que el agresivo tratamiento llegue a más, ya que como seguro sabéis, afecta de lleno a la fertilidad. Casualmente, otra entrevistada había pasado por lo mismo y nadie le informó de esta opción, por lo que tuvo que renunciar a ser madre de manera natural.

Pienso que hay tantos temas importantes sobre la mujer, y también sobre el hombre, que deberían ser tratados en los colegios e institutos. Deberían hacerse más charlas sobre este tipo de opciones, en EEUU las hay. Pero también sobre otros temas básicos que nos afectan a todos y que de verdad son muy muy importantes.

Lo dicho, os invito a que leáis el libro No Madres de María Fernández - Miranda, estoy convencida de que os sentiréis muy identificadas en más de una ocasión, pero sobre todo, que terminaréis con la sensación de respetar la decisión valiente de cualquier otra igual.

¡Feliz jueves llamamemamistas!

    Foto: Llámamemamá 


La clave del éxito

jueves, 16 de noviembre de 2017

Ayer me preguntaba, ¿Cuál es la clave del éxito? Debe ser que estar de baja por maternidad hace que profundice más en mis dudas, y eso que apenas tengo tiempo ni de pensar, en fin…

Durante mis dos embarazos casualmente he conocido gente súper interesante, he compartido estado con ellas y la gran mayoría se han convertido en amigas. También es cierto, que otras muchas han ido poco a poco desapareciendo. La vida es así, gente que va y que viene, como bien diría Alejandro Sanz.

El caso es que he observado, escuchado y analizado. 

Hace como nueve años (¡Madre mía como pasa el tiempo!) terminé mi carrera de Periodismo. Quien me conoce, sabe de sobra que ser periodista me había quitado el sueño prácticamente desde que tenía uso de razón. Realicé mil quinientas prácticas, en mil quinientos sitios, estudiaba y trabajaba como muchísima gente en este país, y soñaba con lograr mi meta de ser redactora en cualquier periódico nacional, o locutora en alguna popular emisora. Ahí conseguiría mi éxito profesional.

Mis esfuerzos, tendrían su recompensa, de eso estaba segura (pobre niña ingenua).

Pues bien, en 2008, entró de lleno la famosa crisis. A mi me pilló haciendo prácticas en un periódico de tirada gratuita, donde recuerdo cubría las noticias de Málaga, Sevilla, Vigo y A Coruña. Vi como mis compañeros de redacción, de los cuales guardo muy buen recuerdo, entraban al despacho de la directora y salían con una carta de despido en la mano.

Aunque no lo creáis, todo aquello empezó a afectarme. De algún modo sus despidos anunciaban mi sueño truncado. 

Pero en la vida, hay que tomar decisiones. Unas veces se acierta, otras se fracasa, pero creo que el destino de algún modo está escrito, y si las cosas suceden, sin duda, es por algo.

Por entonces, yo necesitaba trabajar. Tenía un piso que pagar y mis padres bastante me habían ayudado con la carrera, así que comencé a echar currículums para administrativa, secretaria, periodista, recepcionista, lo que fuese. Siempre he sido una persona activa, y lo que verdaderamente quería era trabajar.

No me quiero enrollar contando mi vida, pero a lo que realmente voy es que empecé y terminé trabajando en algo que nada tenía que ver con la comunicación o el periodismo. Era algo impensable para mi, y que nunca me había gustado, los números.

Pasé un tiempo y algunas veces sigo anclada en ello, pensando que no he tenido éxito en el trabajo. ¿Por qué? Por que de algún modo siempre quedará esa espinita de realizarme en algo que verdaderamente me gusta.
Estoy convencida de que muchos de mis compañeros de facultad me entienden perfectamente y comparten ese sentimiento maldito.

En realidad, ahora me planteo si ese 'éxito' profesional que yo anhelo es tan importante. Me explico.

Desde que soy madre, digamos que he desviado un poco mi centro de atención. Quizá haya personas, que leyendo este texto no comprendan a qué me refiero. Personas, probablemente vacías de metas, de amor, de amistad y de otras muchas cosas que completan al ser humano.

Pongo por delante lo de ser madre, por que a mi me ha pasado desde entonces, pero sirve cualquier otro logro o motivación conseguido.

La palabra éxito para mi ha ido adquiriendo otro significado a lo largo de los años. Para mi es un éxito quedar con una amiga a tomar un café y charlar sin tabues. Es un éxito recoger a mi pequeño del cole. Es un éxito acurrucarme en la cama con mi bebé y poder besarla y protegerla. Es un éxito tener la fortuna de sentarme cada día con mi marido en el sofá y charlar de nuestras cosas. Es un éxito recibir algo sin nada a cambio. Es un éxito que alguien piense que eres buena en algo. Es un éxito tener un verdadero amigo. Es un éxito ver crecer a tus hijos. Es un éxito levantarte feliz cada día. Es un éxito viajar. Es un éxito que mi hijo diga que soy la mejor mamá del mundo mundial. Es un éxito tener a mis padres y a mi hermano. Es un éxito no discutir. Es un éxito compartir. Es un éxito ayudar. Es un éxito no estar enfermo. Simplemente es un éxito sobrevivir a la vida con una sonrisa.

Con esto quiero decir que me he dado cuenta de la cantidad de éxitos que tengo en mi vida, y estoy segura de que si os paráis a pensar vosotros también tendréis muchísimos. Somos personas exitosas porque vivimos, porque respiramos y porque nos sentimos felices de vez en cuando.

Pienso en las veces que no he prestado atención a todos esos éxitos, que de algún modo parecen innatos, pero que os aseguro que no lo son, ya que lo verdaderamente importante es saber mantenerlos, por prestar atención a un sólo éxito: El profesional.

Cada vez que conozco a alguien intento quedarme con todos sus logros y de algún modo, extrapolarlos a mi vida. Escuchar es un éxito, y si lo logramos descubriremos historias increíbles que se esconden detrás de cada persona y que sin duda suman a nuestras propias vivencias.


Quizá nunca logre trabajar en lo que verdaderamente me gusta, quizá ya me sienta preparada para asumirlo, pero para mi, el éxito mas grande y que me ayuda a olvidarme de eso, es Llámamemamá, y sobre todo que cada jueves estéis al otro lado de la pantalla, eso para mi es mi EXITO.


Commons Attribution 4.0 International license.

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