Eider, un regalo de primavera

jueves, 20 de octubre de 2016

Cuando eres madre por primera vez piensas que el amor tan inmenso que sientes hacia tu hijo es incomparable, y sobre todo irrepetible. Pero es cierto eso que dicen que el ser humano puede enamorarse de la misma manera de varias personas.

La experiencia hizo que Eli se anticipase a la llegada de su pequeña. Había soñado con ese momento durante nueve meses. Sabía lo que era dar vida, pero aun así no dejaba de pensar en la necesidad de que todo saliese bien.

Su familia de tres pronto se vería completa con la llegada de Eider, su niña, su princesa.

La noche del ocho de mayo de 2016 había llegado y aunque se mostraba inquieta lo cierto es que tenía mas seguridad que en el primer embarazo. Eider quería salir y tocaba dejar todo organizado para su llegada.

Izan dormía profundamente ajeno a que en pocas horas se convertiría en hermano mayor. Besó su frente sabiendo que todo cambiaría, que el tiempo pasaba demasiado deprisa y su bebé ahora sería el ejemplo a seguir de la pequeña.

Llegaron al hospital serenos, aunque poco a poco la intensidad de las contracciones era mayor. Las enfermeras le recomendaron darse una ducha, relajarse, y mientras el agua caliente resbalaba por su piel, su cabeza sólo podía pensar en lo que estaba a punto de suceder.

Sabía que llegaba con la misma ilusión que la primera vez. Era mamá, pero aún así la emoción, los nervios seguían siendo típicos de novatos. Deseaban verle la cara, acariciarle, darle la bienvenida a la familia tan bonita que juntos habían logrado.

La dilatación fue rápida y casi sin darse cuenta se encontraba dilatada de ocho centímetros. Trató de aguantar, pero los dolores eran intensos y la epidural pudo hacer su función para convertir aquel momento en algo maravilloso.

Ya estaba aquí. Cuatro empujones y la ginecóloga le hizo el primer regalo del día; Eli con sus manos temblorosas pero con delicadeza maternal cogió la diminuta cabecita que asomaba llegando a la vida, conociendo el mundo. Jamás la soltaría. Eider era una realidad.

Su pecho le recogió y le dio calor. Su corazón latía rápido y sus ojos brillaban de emoción. El papá miraba sobrecogido por la entereza, la fuerza y el parto tan perfecto que acababa de contemplar. 

Ese nueve de mayo Izan conocería a su amiga de aventuras, su hermana pequeña. Cuando entró por la puerta y se acercó lenta y tímidamente a ella, descubrieron que se puede amar profundamente sin límite por partida doble.

2 comentarios:

  1. Áins por que será que está sección me gusta tanto. Creo que porque revivo con cada post el parto de mi milagrito.

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  2. Precioso!!! Felicidades a las dos!!! A Eli y Raúl junto con Izan por formar esa familia tan bonita y a Irene por relatarlo tan bonito 😘😘😘😘😘😘

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Commons Attribution 4.0 International license.

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