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¿Hotel o apartamento?:Primeras vacaciones en familia

lunes, 21 de julio de 2014

No sé para vosotros, pero para mi encontrar vacaciones cada año se convierte en misión imposible.

Después de casi un mes de pensar, buscar, reservar, cancelar, y volver a pensar ¡Nos hemos decidido!

En un lugar de Almería, de cuyo nombre... Ahora en serio, al final, después de mucho debatir, ¡Lo tenemos!
¿A vosotros os pasa lo mismo? Quien me conoce, sabe que todos los años se convierten en una odisea de intrépida búsqueda de destino. Este, con el pequeño, aún más.

Decidimos que avión no. Pensamos que de momento probaríamos por la costa de la Península donde hay playas buenísimas.
Queríamos sol, por lo cual descartamos el paraíso del norte, aquel que sólo por su gastronomía y gente te conquista, pero que el agua...lo del agua es otro cantar.

Teníamos claro que buscábamos algo a pie de playa. Como ya dije en otro post, me veía con la sombrilla, el carro, las toallas, la bolsa, la piscina, el flotador, y 'debajo' de todo ese guirigay, mi hijo.
Así que comenzamos a descartar todo aquello que se encontrase a más de 300 metros de la playa.

Y después de hacer la primera criba pensamos: ¿Hotel o apartamento?

Barajamos todas las ventajas e inconvenientes de ambas:

Apartamento

Ventajas: La estancia es mucho más amplia, libertad en la cocina, una nevera con un congelador muy útil para purés y lo mejor de todo es que los horarios los marcas tú.

Desventajas: Al final no desconectas de las labores del hogar. Preparar comidas, hacer la compra, limpiar, recoger... En ocasiones no dispones de piscina y eso para muchas personas puede ser un handicap.

Hotel

Ventajas: Te olvidas por completo de la casa. Comida preparada y habitación recogida en cuanto subes de la playa. La mayoría se encuentran cerca del mar y del paseo marítimo. Para los más peques, destacar la animación infantil.

Desventajas: No dejas de estar en una habitación. Con bebés, la cosa se complica a la hora de las comidas. Cargar provisiones de purés preparados y potitos. Para las que sólo dais teta, esto no es ningún problema para vosotras, el alimento, por suerte, lo lleváis allá donde vais.

Total, que una vez sopesado pros y contras nos decidimos por el hotel. Buscábamos una bonita playa, con poco viento, sin demasiado calor, y no estoy cien por cien segura de haberlo conseguido, pero de lo que no me cabe ninguna duda es de que todo, no se puede.

Una vez contratado hotel (menudo peso nos hemos quitado, ufff...) llegan los preparativos. Reconozco que sólo pensar en lo que va a disfrutar mi pequeño con su primer chapuzón playero, me emociono. Hace poco, en casa de una prima, descubrió el césped y ¡Vaya cómo se lo pasó! Lo miraba, lo arrancaba, lo acariciaba, así que me muero de ganas de ver si le gustará la piscina o la playa.

Cual madre loca por esas primeras vacaciones en familia, me dirigí a una conocidísima tienda de 'Toys' y procedí a recorrer el pasillo de piscinas, colchonetas, juguetes acuáticos y demás cachibaches veraniegos. Me decanté por unas piscina (aquí os la muestro) en forma de abeja (os habréis dado cuenta de que la relación de mi hijo con las abejas es muy estrecha) que tiene un parasol, perfecto para esos días donde Lorenzo aprieta con ganas. Además, y asesorada por las 'Súper mamis' no dudé en añadir a mi carrito ese genial flotador que estoy segura hará las delicias de mi pequeño. El rey de la pisci, sin lugar a dudas.





Tened en cuenta, si decidís hotel, que no sea uno de esos tan modernos que ya no aceptan niños. Suena fuerte, ¿Verdad? Pues en nuestra búsqueda encontramos varios, que decepción, aunque lo cierto es que puede llegar a ser comprensible.
Hay hoteles que ofrecen cunas gratuitas para bebés. Quizá prefiráis llevar la vuestra, pero es bueno saberlo ya que muchas veces evita ocupar ese hueco en el coche, que sin duda, es imprescindible.

La mayoría de los hoteles disponen de piscina para niños y servicio de animación. Viajar en familia supone buscar alternativas para todos. Desde pasar un buen rato en el hotel, a incluso actividades acuáticas para los mayores, o si es posible, compartirlas con los pequeños.

De lo que estamos seguros es que de las primeras vacaciones en familia siempre nos acordaremos. Cada descubrimiento, cada nueva aventura en la arena, en el mar, en la piscina supone observar cómo conocen el mundo, como son felices con esas pequeñas cosas, que a veces los adultos dejamos pasar desapercibidas.

Y vosotros, ¿Ya sabéis cómo vais a pasar vuestras vacaciones?

¿Mamá histérica o simplemente mamá?

jueves, 17 de julio de 2014

Jolines, mira que no me gusta mucho el titular de este post, pero poco a poco reconozco que me he vuelto tremendamente miedosa.

Las que ya sois madres, me diréis que es normal 'bla, bla bla, bla...' Que a toda primeriza que se tercie, el instinto obsesivo-compulsivo por el bienestar de primer hijo es lógico ( lo del segundo, ya es harina de otro costal). No es que importe menos su seguridad, es que nacen casi enseñados a que no podemos perder nuestro preciado tiempo en  coscorrones, caídas y demás 'pretextos' para llamar nuestra atención.

La realidad es así de cruda, queridos hermanos pequeños. Y si el segundo nace enseñado, el tercero, el cuarto...casi casi se cambian los pañales solos. Es ley de vida.

Pero a lo que iba, que no me quiero desviar. Poco a poco, y cada día que pasa noto que me ocurre más, tengo un sentimiento extraño, de temor, a que pueda pasarle algo. Se que este no es un tema que nos divierta, ni es un post lleno de felicidad, pero quizá, y estoy convencida, todas las que sois madres me entendéis.

La verdad es que probablemente sea en este preciso instante cuando te das cuenta de la responsabilidad en la que te embarcas cuando decides tener un hijo. De pequeña, y gracias a mi madre, aprendí que hay muchas cosas que se nos escapan, que no dependen de nosotros, de los adultos.

Tendemos a responsabilizarnos de todo, de si se caen, de si se hacen daño, de si no duermen, de si no comen, de si se atragantan, de si se meten una canica por la nariz (nada raro)... De si, de si...Y no pararía jamás.
Mi buena madre, (seguro que leerá esto y se sentirá muy contenta de que aprendiese la lección) una vez, tras un 'sustillo' (dejémoslo ahí) que me dio mi hermano, me ayudó a entender que el destino es sabio, y debemos creer en él.
Podemos estar pendientes a cada segundo de los pasos de nuestros pequeños, pero obviamente no estamos las 24 horas del día con ellos, por lo que hay cosas inevitables, pero que lejos de sentirnos culpables, debemos asumir como padres que somos.

Últimamente en las redes sociales aparecen niños enfermos, con malformaciones, etc... Y no es que no quiera ver la realidad. Soy consciente de ello y de que estas cosas por desgracia ocurren, pero lejos de producirme el sentimiento que pretenden, me asustan.
Me asustan mucho. Me produce pánico pensarlo, y por ello no creo necesario tener que dar a likes cada vez que sale una fotografía, o compartirla. Todos somos conscientes de la cruda realidad.

Habrá quien no entienda mi postura, y por supuesto lo respeto, pero supongo que cada uno afronta la vida a su manera.

No quiero ponerme sentimental, ni mucho menos. Sólo compartir con vosotros cómo me siento. Hace poco, una mamá de un bebé de cinco meses, me decía que tenía temor a que se atragantase. No sabía si sabría reaccionar ante tal situación, y de algún modo, le angustiaba pensarlo. Mi respuesta fue clara. Por supuesto que si, dado el caso (ojalá nunca se de) te ocurre, tu instinto te guiará.

Siempre manteniendo la calma, claro está (y recordando el post de Llámamemama '¿Cómo actuar ante una emergencia con nuestros bebés?')  . Somos animales protectores de nuestros cachorros y la naturaleza es asombrosamente inteligente. Aún no estoy preparada para contar aquello que me ocurrió con mi hermano y que sin duda me ha marcado para siempre, pero os diré que con apenas quince años supe reaccionar. Supe plantar cara a una situación en la que mi reacción, y sólo mi reacción, pudo salvarle la vida.

Pero ser madre, de verdad te hace fuerte. Poco a poco ese instinto animal crece, y aprendes a comprender que hasta cierto punto podemos interferir en sus actos, pero que otra parte depende cien por cien del destino, que por supuesto, está escrito.

¿Os sentís identificadas conmigo? No es necesario que sea un sentimiento únicamente materno/paterno- filial, si no con algún familiar, amigo, etc...

Por cierto, y ya que viene muy al caso, hace un par de días, nuestros amigos de Mitosyl, han querido ponernos la vida más fácil a esas mamás estresadas por las caídas, los moratones, los golpes (yo estoy en esa fase dónde empezar a andar supone besar suelo más de una vez) y nos han mandado su nuevo producto Gel de Árnica.

Aviso a las torponas como yo, también vale para mayores. Este producto sirve para combatir y aliviar los dolores de moratones, chichones, y cardenales que surgen del proceso que más les gusta a los pequeños ¡Jugar!
Esta compuesto por ingredientes naturales como el extracto de flor de árnica y la camomila. Es una solución natural, práctica y eficiente.  Su precio en farmacia es de 6,50 euros (15 ml).

Yo desde ¡Ya! Lo llevo en la mochila - abeja de mi pequeño. Creo que a partir de ahora...Empezará a ser muy útil en mi día a día.

Foto: Llámamemamá.es

Pasito a pasito hacia la felicidad

lunes, 14 de julio de 2014

Convertirte en madre, es lo que tiene.

Al principio comparas embarazos, luego comparas partos y por último comparas todos y cada uno de los progresos de tu bebé.

Os aviso que es inevitable, creo que es algo innato en el papel de madre y que nos acompañará para el resto de nuestros días.

Cuando tienes amigas a tu alrededor con bebés de más o menos la edad del tuyo, la cosa se dispara. Pero, si he decidido hacer este post es para tranquilizar a todas las futuras mamás y advertirles de que cada niño lleva su ritmo.

Aquellas que ya no sois primerizas, me daréis la razón. Sabéis que cada embarazo es distinto, cada parto es diferente y por supuesto, que ningún niño se parece a otro.

No podemos nunca comparar, porque en ciertas edades, puede llegar a ser una frustración.
Primero nos fijaremos en el peso. Parece una tontería, pero los primeros meses se convierte en una auténtica obsesión.

Cada semana nos dirigimos cual madre desesperada a la farmacia más cercana para comprobar con nuestros propios ojos que el peso va en aumento. ¿Y si no es así? ¡Ay de nosotras si no es así! Comenzamos la ¡Operación cebada! Aquella en la que aumentamos dos rayitas las medidas del bibe, o en lugar de mamar sólo de un pecho le endiñamos los dos.
Todo por conseguir la satisfacción de que engorden más rápidamente.
Hay niños más largos, más cortos, más gordos y más delgados, cada uno crecerá a su ritmo, sólo hay que ser pacientes.

Después nos agobiaremos con los dientes. ¿Ocho meses y no tiene dientes? Tranquilas, el día menos pensado asomarán como pequeños alfileres blancos ansiosos por morder todo lo que se ponga por delante. Os aconsejo, sin abusar, pero puede ser de gran ayuda, tener cualquier pomada calmante para primeros dientes. En mi caso, he usado Nani predental. Compré Mitosyl dental, pero aviso que no es apto para alérgicos a la proteína de leche de vaca.
Por supuesto, congelar los mordedores es una opción súper práctica,barata y resolutiva.
La genética influye también. Si fuisteis prematuros con vuestros primeros dientes, es muy probable que vuestro bebé siga los mismos pasos. Al igual que si os costó dicho proceso, puede que a vuestro hijo también, y esto lo corroboro.

Mi niño no gatea, ¿Y el tuyo?

La verdad es que nos pasamos el día observando cada progreso de nuestro hijo. Por pequeño que sea, nos parece espectacular, y aunque no lo creáis, nuestro nivel de exigencia aumenta por segundos.
No todos los niños siguen el mismo ritmo. Gatear no es cosa de todos.
Hay quien se arrastra, quien gatea para atrás, quien directamente pasa de suelo y comienza un buen día a andar. Tarde o temprano llega el momento, pero cada uno se toma su tiempo.
Al igual que para hablar, los hay más charlartanes (de esos que gritan, pa- pa, ma-ma, pa-pa, ma-ma) o simplemente los hay que lo de hablar no va con ellos.

Cuando empiezan el colegio, empiezan los cambios. La personalidad de nuestro hijo o hija se acentúa y nos embarcamos en el reto de conocerles como personas. No todos los niños aprenden a leer o a escribir con la misma rapidez. El estudio es una de esas fases donde nuestra preocupación aumenta. Queremos que estudien pero es bueno saber diferencias lo que queremos para ellos de lo que quisimos para nosotros años atrás. A veces resulta evidente cuando los padres pretenden que sus hijos ocupen aquella vocación frustrada que les marcó para el resto de sus vidas, olvidándose de lo que verdaderamente desean sus pequeños.

Nos empeñamos en que vayan a fútbol, ballet, natación, tenis, a veces sin preguntarles (quizá por miedo a lo que puedan responder). Hablamos con otras madres orgullosas de sus logros (que se traducen en los nuestros), y nuestro hobbie no es otro que el de insistirles en mejorar. No vale ser el número dos.

Aunque esto lo sabemos, no podemos por menos que comparar.

Queremos que nuestro hijo sea el más fuerte, el más rápido, el más guapo, el más listo. El que más habla, el que menos grita, el que más estudia, el que más trabaja, el que más gana, el que mejor vive. Queremos simplemente que sean perfectos. Y eso, desgraciadamente no sólo es imposible si no que además sería aburrido.
Cargarse de paciencia, disfrutar de cada avance, premiarle con los logros y aconsejarle en el camino.
Nuestra meta como padres, y en eso estoy segura que por mucho que comparemos todas llegaríamos a la misma conclusión, no debe ser otra que por ellos mismos y con nuestro respaldo, alcancen la felicidad.



¡Pon una doula en tu vida!

jueves, 10 de julio de 2014

Hasta hace relativamente poco tiempo no tenía ni idea de que existiese la figura de la doula.

Todo comenzó al poco de quedarme embarazada, viendo un programa de televisión (en esa época toda información sobre bebés era poca), oí por primera vez esa desconocida palabra.

¿Y qué o quién es realmente? 

Por lo pronto, descubrí que es una persona que se encarga de aconsejar y ayudar a los padres durante no sólo los primeros días en casa, si no también en la preparación al parto.

Voy a ser clara y sincera. Estando embarazada, ves este tipo de programas y te vuelves loca, ¡Qué mimo! ¡Qué delicadeza!
Te enseñan como engancharte al bebé los primeros días al pecho, te aconsejan cómo arrullarlo, cómo has de cuidarte... Todo te parece poco para cuando llegue tu día.

Sin embargo, pasan los meses, das a luz, y hace pocas semanas descubro que este tan especial programa ¡Ha vuelto!

Obviamente, decido verlo, más que nada porque me trae tiernos recuerdos de mi espera, y porque me devuelve a aquellos días donde la ignorancia era partícipe de mi viaje hacia la maternidad.

Y si, descubro varias cosas.
Por un lado ahora lo veo como madre, no como embarazada, con lo cual mi punto de vista y de sensibilidad han variado bastante.

Lo que antes me parecía tierno, delicado, bonito, ahora me parece un auténtico rollo repollo, lo siento.
He visto el espacio varios días para saber si variaba, pero nada. Nada de nada. Pecho, enganche al pecho, más pecho, agua mineral promocionada, más pecho, y ya si eso pecho.

Me pareció bastante aburrido y monótono, además de que el papel que juega la 'doula', en este caso (digo en este caso únicamente) es francamente liviano.
Ahora que soy madre, espero cosas mucho más importantes que seguro podrían enseñar a futuras mamás, tales como el aseo correcto del bebé, hablar un poco también de la preparación de bibes y los distintos tipos de alimentación, ejercicios para fortalecer la musculatura del recién nacido, trucos para que puedan conciliar el sueño...
Igual soy un pelín exigente (os he avisado que lo veo con las gafas de madre puestas), pero hay millones de casuísticas que podrían tratar y no limitarse a pecho, pecho, agua, pecho.

¿Es importante la figura de la 'doula'?

No podemos negar que las últimas semanas antes de dar a luz el pánico nos invade. Estamos nerviosas, nos asusta el momento parto, cosas que pueden fallar, productos que nos quedan sin comprar, pero bajo mi humilde opinión creo que todo es superable. TODO.
No os digo nada los primeros meses. Caos total. Pero ahora que yo ya he pasado ese trámite de conocernos como madre e hijo, puedo certificar y certifico, que la naturaleza es increíblemente sabia. Adquieres paciencia, sabiduría, temple, aprendes a relativizar, a serenarte. Es que todo fluye poco a poco.

Desde luego no esperéis sentiros así los primeros dos meses. Pero tomaros vuestro tiempo y veréis que poco a poco nadie tendrá que deciros cómo debéis coger a vuestro bebé, ni cómo debéis colocároslo al pecho, ni cómo debéis prepararle un biberón, ni a qué hora debe dormirse. Vuestro instinto guiará los pasos, os lo aseguro.

Pero sin perder el hilo del programa, hace un par de semanas lo vi. Y cuál fue mi sorpresa cuando un matrimonio y creo recordar que sus ¡Cuatro hijos! (valientes, sin duda), daban la bienvenida al quinto de la familia. Yo, en mi sofá, con mi bebé revoloteando por el suelo, pensaba ¿En serio una madre con cinco hijos necesita que una doula le de consejos?

Perdonad mi ignorancia, de verdad, pero me cuesta creer que esa madre no sea capaz de escribir el primer tomo del libro de la maternidad. Y ahí estaba, dejándose guiar en su insistencia a dar el pecho a su bebé. Lo he dicho muchas veces, respeto todas y cada una de las opciones de criar a nuestros hijos, porque nadie es quien para juzgar a nadie, pero yo os aconsejo no obsesionarse con la lactancia materna.

De pronto, vi estupefacta cómo le colocaba un 'biberón' colgado de un pecho mientras unos 'cables' se ajustaban al pezón, de esta manera si el bebé succionaba levemente, la leche circulaba, se alimentaba y al mismo tiempo estimulaba el pecho materno.
De verdad, alucinaba viéndolo. Es muy lícito, y quizá a esa mamá le hizo muy feliz sentir que 'daba' de mamar a su bebé mediante ese instrumento, pero me parecía bastante más artificial que darle directamente un biberón.
Si alguien vio el programa, sabrá que el pequeño había nacido con bajo peso y tras no poder dar de mamar de manera natural a sus otros hijos, decidió recurrir a la doula para que le ayudase.

Sinceramente, ojala esa madre ilusionada haya conseguido alimentar a su bebé con su pecho, porque se notaba que nada le hacía más feliz que superar esa barrera. Y desde aquí, si lo lee, yo le diría, ¡Qué más da si finalmente él quiere bibe! Has sido capaz de dar a luz y criar a nada más y nada menos que ¡Cinco hijos! Dios mío, creo que eso si que es un verdadero reto conseguido.

Foto: Google.es

Mi primera reunión de padres

lunes, 7 de julio de 2014

Ufff... Escribir este post es como reconocer, 'Si, soy vieja, he crecido'.

Nunca me había parado a pensar en este momento, pero como todo en esta vida, llegó. En septiembre el pequeño empezará la guardería (se nos hace mayor) y como consecuencia ya ha llegado la primera reunión de padres.

Y ahí estábamos, mirándonos, incrédulos aún de pensar que ya nos tocaba ejercer desde el otro lado de la barrera.

El primer paso de este proceso fue eligir el centro. Estuvimos viendo guardes públicas y guardes privadas. Comparamos precios, metodología (no es que seamos especialmente exigentes, pero nos gusta la implicación de los profesionales). La verdad es que durante toda esta mini 'investigación' nos hemos llevados distintas sorpresas, para bien, y también para mal.

1. Lo primero que nos sorprendió es que una guardería pública pueda llegar a ser más cara que una privada (aquí insertaría emoticono de asombro). En la Comunidad de Madrid recibes cien euros de ayuda por llevar a tu bebé a una guarde privada, por lo que el resultado es que nos salía diez euros más barata que en la pública.

2. Fuimos a visitar varias guarderías privadas y nos sorprendió la antigüedad de las instalaciones. De hecho, a una de ellas había ido yo y seguían teniendo las mismas perchas, las mismas cunas...No me convenció. Sin embargo, en la pública que vimos todo era nuevo, atractivo, lleno de dibujos, colores, de libros, nos convenció.

3. Idiomas. Aquí reconozco que gana la privada. Para nosotros era básico y fundamental la introducción del inglés es su vida escolar. En la privada, contaban con dos horas semanales con profesores nativos que se encargaban de impartir mediante canciones y juegos, cada clase.
En la guardería pública, cuentan con media hora de inglés diaria, pero sin profesor nativo. Puede parecer una tontería, pero era algo que me hubiese gustado tener.

4. La metodología del aprendizaje mediante el juego me encantó. Soy de las que piensa que el juego constituye la adquisición de memoria, la puesta en marcha del conocimiento de una manera dinámica y divertida. ¡Ya habrá tiempo de ponerse serios! Pero de momento, es ¡Hora de jugar!

5. Atención temprana. Me alegró saber que hoy en día forman parte del crecimiento de nuestros hijos, ya sea privada o pública. La detección a tiempo de cualquier anomalía en el desarrollo de los bebés ayudará a su corrección antes de la edad infantil y a comenzar con el tratamiento correspondiente. A veces, los padres nos ponemos una venda, a sabiendas o no, que nos impide ver que algo está pasando en el mundo de nuestros hijos. Especialistas, ya sean logopedas, psicólogos y fisioterapeutas velan por ayudarnos a ver esas pequeñas cositas que desde casa parecen insignificantes.
Y no es necesario irnos a problemas psíquicos o físicos, si no simplemente al hecho de que nuestro pequeño no se relacione adecuadamente, o tenga conductas distintas a las de su propia edad.

6. Otro punto negativo de la pública es que creo que realmente el Estado sigue sin darse cuenta de que muchos ¡Tenemos la suerte de trabajar! Eso significa que, puede resultar complicado asistir a una reunión a las cuatro de la tarde, o a las once de la mañana. Ir al periodo de adaptación supone pedir horas, o días, es decir, para muchos, hacer un enorme esfuerzo. Todo esto me indignó y lo digo desde aquí. Creo que todos tenemos claro que en España la conciliación entre la vida personal y laboral es prácticamente inexistente.

7. Continuando con el punto seis, resaltaría el horario de 9 a 16.00, y cuya ampliación sería de 8:00 a 17.30 (de nuevo emoticono de asombro, pero esta vez doble) ¿Cómo es posible, que yo que trabajo a 35 km de mi casa, teniendo que cruzar todas las 'Emes' de Madrid, y entrando a las nueve, pueda dejar a mi niño a las ocho? Pero lo que es peor, si salgo a las 18.00, ¿Cómo hago para recoger a mi hijo si ya tiene horario ampliado? En fin supongo que esto significa que tendría que coger una guardería privada y no podría optar a una pública. No es mi caso, pero se que al menos en Madrid, esto le ocurrirá a una gran mayoría de padres, no me cabe la menor duda.


Lo cierto es que, aunque nosotros finalmente nos decantamos por la pública, cualquiera de aquellos centros hubiesen sido perfectos para nuestro pequeño. Creo que conseguiremos el objetivo que buscamos. No que estudie, ni que sea el más listo, para eso tendrá el colegio. Queremos que conviva, que aprenda a relacionarse con otros niños, que se desarrolle como niño y que progrese en esos pequeños detalles, que a veces por falta de tiempo, los padres dejamos pasar. Creo que será su comienzo como persona, como niño y ¿Por qué no? También como futuro estudiante.

¿Qué opináis?

Foto: Google.es




Commons Attribution 4.0 International license.

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